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lunes, 25 de junio de 2012

XABI ALONSO NOS QUITA UNA ESPINITA MÁS

El España-Francia no era un partido más. Más allá del hipotético pase a las semifinales del torneo, los españoles sabíamos que enfrentarnos a nuestros vecinos era una manera de, al igual que ya sucedió con los penaltis frente a Italia en 2008, poder sacudirnos otra de las maldiciones que hemos llevado arrastrando durante décadas.

Por eso, los futbolistas españoles tenían ante sí una oportunidad histórica, en un partido en el que jugadores como Ramos, Casillas, Xavi o Cesc sufrieron la derrota que nos eliminó del Mundial de 2006. Ellos la soportaron en territorio alemán, pero nosotros, los aficionados que sentimos a la Roja como una pasión a la que aferrarnos para olvidarnos de las miserias de la vida, aún recordamos la cara que se nos quedó en ese mes de junio de hace 6 años, cuando Zidane nos mandó para casa una vez más. Era también una ocasión para devolver a la red aquel penalti que Raúl mandó al limbo ante la mirada de Barthez en la Euro del 2000 y para bloquear aquel balón que se escurrió de los brazos de Arconada en 1984.

Casualmente, fue un jugador vasco, criado también en la cantera de la Real Sociedad, el que rompió el gafe francés. Xabi Alonso, al que muchos quieren desterrar al duro banquillo a través estúpidos argumentos, reafirmó su papel en el equipo, el que ha llevado la batuta, junto a Xavi, de una selección que, no lo olvidemos, a hecho a España campeona del mundo de fútbol y semifinalista de un europeo por segunda vez consecutiva. Sé perfectamente que el juego de nuestro equipo nacional no está a la altura del anterior mundial y que la baja de Villa está afectando más de lo esperado a la Roja, pero lo que es seguro es que el juego, la ideología y el toque de la Roja sigue dando victorias y eliminatorias, y con el doble pivote formado por Xabi Alonso y Busquets como mención obligatoria en este fantástico grupo de futbolistas.


El testarazo del primer gol, precedido de un maravilloso centro de Jordi Alba, significa la superación de un obstáculo que se nos ha atrancado muchas veces, que nos había impedido ganar a Francia en partido oficial en toda la historia de la España futbolística y por la que nuestros adorables vecinos nos habían mirado por encima del hombro durante tantos y tantos años. Esta victoria, y contando con las sucesivas apariciones que vuelvan a tener los deportistas españoles en los guiñoles franceses, asegura y reafirma a la Roja como el mejor equipo del mundo, ahora sin el dichoso complejo francés.

miércoles, 12 de octubre de 2011

QUÉ BONITO ES DECIR QUE SOMOS LOS MEJORES DEL MUNDO




La selección española parece no tener techo. Después de proclamarse campeona de Europa con el gol de Torres y de un Mundial en el que aunque no se ganó con la misma brillantez, permitió a la Roja estampar una estrella en su zamarra por primera vez en la historia, está sumida en una constante progresión que parece no tener fin. Con un patrón de juego ya asentado y que se perfecciona con cada partido que transcurre, sus jugadores se enfundan la camiseta con un pensamiento distinto al que, no hace muchos años, pasaba por encima de muchos españoles. Ahora, esta gran generación de jugones, que parece no tener fin, sienten la camiseta de España con un sentimiento parecido al que quizá en otro tiempo sentían los franceses cuando jugaban con Zidane, o cuando en los años 70 los brasileños bailaban al son del gran Pelé: ser los mejores del mundo.



Esta nómina de jugadores formada por Xavi, Iniesta, Casillas, Ramos, Villa, Cesc, Torres, Alonso, Mata, Busquets o Cazorla no tiene límites. En primer lugar, por su hambre de títulos, a lo que por desgracia nos están acostumbrando demasiado mal. Algún día, dentro de algunos años, nos acordaremos de todos estos años de triunfos y de bueno juego. Y segundo, porque detrás de todos estos grandes futbolistas, viene otra parrilla del mismo o incluso de mejor nivel. De Gea, Piqué, Thiago o Javi Martínez son sólo algunos de la extensa lista de futbolistas que permitirán que el dominio de la Roja tanto en el viejo continente como en el Mundo siga perdurando durante años.

Y no quiero quedarme sin nombrar a David Silva. Ayer, disfrutando del partido de la selección, me vino a la cabeza aquel verano de 2010 y 2009 en los que pudo haber recalado perfectamente en el Real Madrid. Técnica, regate, velocidad, desborde, pase... un jugador 10, al que, como otros muchos, Florentino dejó escapar por el mero hecho de ser español (o eso se demostró). Entre eso y el criterio de Mourinho, que tampoco veía a Silva de su agrado, fueron los motivos por los que no se le fichó. Hoy, a pesar de que no tiene 25 años, se comporta y se asemeja demasiado al gran Leo Messi. Su juego ayer fue digno solamente de unos pocos elegidos en el planeta fútbol.

Creo que muchos aficionados del Real Madrid, se preguntan una y otra vez porqué dejamos escapar a tantos futbolistas que han nacido bajo el paraguas de nuestro país, para fichar a otros jugadores que quizá aporten mucho menos que ellos. Mata, Negredo, Silva o Villa podían haber funcionado perfectamente en este Real Madrid. Por contra, tuvimos que fichar a Di María por 25, a Benzema por 36, y a Kaka por 60. Por no hablar del gran Coentrao, que llegó tras pagar 30 millones... en fin. El tiempo ha demostrado, tanto con Silva como con Mata, que son jugadores de un elevadísimo nivel, y prueba de ello es que triunfan en la Premier.


En cuanto a 2012, por más que lo intento, no puedo dejar de poner la mirada en Polonia y Ucrania. A pesar de que a muchos les pillara de sorpresa, a mí ya no me sorprende ver sufrir a Portugal y a Francia. Los de Bento siguen muy por detrás del trío formado por Alemania, Holanda y España, mientras que los franceses siguen abonados a los regalos arbitrales para pasar a las fases finales de un campeonato del mundo.

Pero lo mejor de todo esto es que el bombo podría deparar perfectamente, si Portugal logra clasificarse, un grupo formado por España, Alemania, Francia y Portugal. A mí, y supongo que a los jugadores les ocurrirá lo mismo, es algo que me llena de orgullo y satisfacción, pero no de miedo. Eso que lo tengan ellos, que son los que tienen que enfrentarse a la Roja. El aficionado español, que supongo que ya se frota las manos pensando en el magnífico europeo que nos puede deparar este torneo, sueña otra vez como favorita, en que Casillas levante la tercera Eurocopa de la historia de España el 1 de julio en la capital de Ucrania.